De carretes y revelados
Echo de menos aquellos tiempos en los que las cámaras fotográficas funcionaban con carrete y tenías que ir al pertinente laboratorio para revelarlas. Lo echo de menos, porque desde que las cámaras digitales se democratizaron, han surgido millones de disparadores compulsivos sin ningún criterio ni en la ejecución ni en la selección posterior. Y lo hecho de menos, porque antes las fotos se quedaban en el ámbito de lo privado, metidas en un bonito álbum en el mejor de los casos, y podías guardar a buen recaudo o directamente deshacerte de esas fotos comprometidas que no querías que viera nadie. Ahora, no sólo las suben al Facebook, sino que además te etiquetan.
La verdad es que etiquetar o no etiquetar no es la cuestión, fácilmente puedes borrar etiquetas y ocultar las fotos etiquetadas para que no salgan en tu perfil. Lo realmente jodido es que tengas uno de esos amigos disparadores compulsivos, que suelen ser igual de compulsivos para aceptar amistades en la dichosa red social, y te encuentres con álbumes dedicados casi enteramente a ti, enseñando cuerpo serrano en mil posturas diferentes mientras bailas borracho en el sarao de turno.
De nada sirve que en su privacidad muestre sus fotos sólo a “sus amigos”, porque no hay privacidad que valga cuando “sus amigos” son casi 600 personas, la mayoría completamente desconocidas para ti y algunas otras que conoces y preferirías no haberlo hecho.
Y mira que no me gusta nada tener que entrar clandestinamente en el perfil de nadie y tener que borrar fotos de algunos álbumes o configurar privacidades de otros… pero a veces no me dejas otra opción.
De carretes y revelados
Echo de menos aquellos tiempos en los que las cámaras fotográficas funcionaban con carrete y tenías que ir al pertinente laboratorio para revelarlas. Lo echo de menos, porque desde que las cámaras digitales se democratizaron, han surgido millones de disparadores compulsivos sin ningún criterio ni en la ejecución ni en la selección posterior. Y lo hecho de menos, porque antes las fotos se quedaban en el ámbito de lo privado, metidas en un bonito álbum en el mejor de los casos, y podías guardar a buen recaudo o directamente deshacerte de esas fotos comprometidas que no querías que viera nadie. Ahora, no sólo las suben al Facebook, sino que además te etiquetan.
La verdad es que etiquetar o no etiquetar no es la cuestión, fácilmente puedes borrar etiquetas y ocultar las fotos etiquetadas para que no salgan en tu perfil. Lo realmente jodido es que tengas uno de esos amigos disparadores compulsivos, que suelen ser igual de compulsivos para aceptar amistades en la dichosa red social, y te encuentres con álbumes dedicados casi enteramente a ti, enseñando cuerpo serrano en mil posturas diferentes mientras bailas borracho en el sarao de turno.
De nada sirve que en su privacidad muestre sus fotos sólo a “sus amigos”, porque no hay privacidad que valga cuando “sus amigos” son casi 600 personas, la mayoría completamente desconocidas para ti y algunas otras que conoces y preferirías no haberlo hecho.
Y mira que no me gusta nada tener que entrar clandestinamente en el perfil de nadie y tener que borrar fotos de algunos álbumes o configurar privacidades de otros… pero a veces no me dejas otra opción.
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