Intromisiones y nimiedades

Desde hace un tiempo tengo la sensación de andar por la vida metiéndome donde no me llaman, eligiendo cosas por los demás, tomando decisiones sobre asuntos que no me afectan. Y en principio no habría mayor problema, si no fuera porque también tengo la sensación, o la constancia, de que las cosas que elijo y las decisiones que tomo me las podría meter por el culo, de que estoy jugando con un arma de doble filo, el arma del que te pide ayuda, pero luego te dice que no la necesita, a veces no de la mejor manera.

En el fondo es bastante parecido a mi antiguo trabajo de diseñador. De repente un imbécil te pide que quiere una nueva identidad corporativa y cuando la tienes hecha, pensada, repensada, ajustada en presupuesto y dispuesta en una flamante presentación, el mismo imbécil que vino suplicándote, te dice ahora que no la quiere, o peor aún, que nunca la quiso. ¡Tócate los cojones!

Al menos, si tienes cierto renombre y sabes manejar al imbécil de turno, terminarás con un proyecto en el cajón, pero con la cuenta bancaria mínimamente engordada. Pero no siempre ese imbécil es un mero cliente, y no siempre es dinero lo que esperas a cambio. A veces lo que esperas a cambio es un poco de ilusión, de predisposición, de preocupación, de interés, de respeto…

Nimiedades… bueno… si tú lo dices.

Intromisiones y nimiedades

Desde hace un tiempo tengo la sensación de andar por la vida metiéndome donde no me llaman, eligiendo cosas por los demás, tomando decisiones sobre asuntos que no me afectan. Y en principio no habría mayor problema, si no fuera porque también tengo la sensación, o la constancia, de que las cosas que elijo y las decisiones que tomo me las podría meter por el culo, de que estoy jugando con un arma de doble filo, el arma del que te pide ayuda, pero luego te dice que no la necesita, a veces no de la mejor manera.

En el fondo es bastante parecido a mi antiguo trabajo de diseñador. De repente un imbécil te pide que quiere una nueva identidad corporativa y cuando la tienes hecha, pensada, repensada, ajustada en presupuesto y dispuesta en una flamante presentación, el mismo imbécil que vino suplicándote, te dice ahora que no la quiere, o peor aún, que nunca la quiso. ¡Tócate los cojones!

Al menos, si tienes cierto renombre y sabes manejar al imbécil de turno, terminarás con un proyecto en el cajón, pero con la cuenta bancaria mínimamente engordada. Pero no siempre ese imbécil es un mero cliente, y no siempre es dinero lo que esperas a cambio. A veces lo que esperas a cambio es un poco de ilusión, de predisposición, de preocupación, de interés, de respeto…

Nimiedades… bueno… si tú lo dices.

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  1. gonzanandez posted this

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Fotos, gráficos, poemas, relatos... juntos, revueltos y separados.

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